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lunes, 1 de junio de 2020

GAUCHO ARGENTINO


El escuadrón había sido
diezmado por los contrarios,
y un Capitán Unitario
cabalgaba mal herido.
Al saberse perseguido
taloneaba sin cesar,
para poder alcanzar
de algún monte la espesura…
Y en esa guarida oscura
poderse al fin ocultar.

Un ranchito divisó
cuando la tarde moría,
y con lógica alegría
hacia él se dirigió…
Un gaucho lo recibió
que viendo su situación,
le dijo: “-Junto al fogón
su fuerza ha de reponer…
Mientras yo corro a esconde
en el monte el redomón”.

Después de vendarlo, dijo,
alcanzándole el porrón:
“-En el rancho hay un rincón
que servirá de escondrijo…
porque, Capitán, de fijo
a usted lo deben seguirt,
y según puedo advertir
corre peligro su vida…
Si lo apresa la partida
seguro que va a morir”.

No bien estuvo escondido
el Capitán Unitario,
se oyó el grito autoritario
del Cabo, Zoilo Aguerrido…
“-Al fin te encuentro bandido
-dijo con voz altanera-
y si no sale pa’afuera
al instante Capitán…
mis hombre lo matrarán
de buena o mala manera…”.

Pero se vio sorprendido
cuando observó en el umbral,
a un Teniente Federal,
todo de rojo vestido…
“-¿Qué pasa, Cabo Aguerrido
por qué vocifera así?”
“-Es que un contrario seguí
que venía mal herido…
y su rastro me ha traído
justito, Teniente, aquí…”.

“-¿Piensa usted que escondería
un unitario en mi rancho?,
preguntó el Teniente Juancho
en toda su sangre fría…
“-Sus huellas confundiría
-dijo el Cabo con rubor-
pues, conociendo el valor
de su coraje valiente…
no puedo pensar Teniente
que pueda ser un traidor…”.

“-Si gusta cimarronear
tengo encendido el fogón,
y de ginebra un porrón
que acabo de destapar…”
“-¿Cómo no voy a aceptar
su convite con agrado,
de tanto haber galopeado
con mis hombres, aparcero…
Se me ha secado el garguero
y estoy bastante cansado”.

Platicaron largamente
y cuando el sol asomaba,
ya la partida rumbeaba
en dirección al poniente.
“-Capitán -dijo el Teniente-,
puede salir del rincón,
porque tengo la impresión
que de estar tan apretado,
debe tener sofocado
amigo, su corazón…”.

“-Teniente -le preguntó
el Capitán confundido-,
¿por qué razón a mentido
a su gente y me salvó?”
“-Según lo deduje yo
-dijo el Teniente con tino-
habrá de ser porque opino
en un concepto cabal,
que a más de ser Federal
yo soy un gaucho argentino”.

Versos de Juan Pedro Carrizo

jueves, 22 de mayo de 2014

EL HEROÍSMO DE PAIVA

            (relato)

“-Si es que Paiva se ha dormido
estando de centinela
hay que aplicarle la espuela
del código establecido.
Por lo tanto, Cabo Guido,
como sé de que se empaca,
ese gaucho y se destaca
por su soberbio derroche…
dispongo de que esta noche
duerma amarrao a la estaca”.

Al instante fue cumplida
la ordenanza superior,
y Paiva sufrió el rigor
de la pena consabida.
Con la palabra medida
de su voz clara y timbrada,
dijo: “-Aguanto la estaqueada
con toda calma paisano…
porque mañana temprano
quiero pelear con la indiada”.

“Pero después de luchar
como le cuadra a un valiente,
si no sufro un accidente
de aquí voy a desertar.
Y les quiero recalcar
ya que de guapo me alabo,
que no me asujeta el clavo
de promesas ni laureles…
Vine a pelear con infieles
y no pa’ servir de esclavo”.

Al enterarse el Teniente
de lo que Paiva decía,
esbozó una mueca fría
y repuso en tono hiriente:
“-Déjenlo que se lamente
que ya se le va a pesar,
no vengan a incomodar
con chismes, porque deduzco…
que ese gaucho como el cuzco
no sabe más que ladrar”.

Y cuando el gallo altanero
grabó su voz en el viento,
ya rumbeaba el regimiento
bajo el poncho del lucero…
Cabalgando en un overo
iba Paiva receloso,
observando cauteloso
los contornos del camino…
como olfateando el destino
en el campo silencioso.

Fue tremendo el encontrón
del regimiento y la indiada,
y una lucha encarnizada
hizo terrible explosión.
Unos y otros en montón
con esfuerzos denodados,
luchaban desesperados
entre gritos y alaridos…
mientras los muertos y heridos
caían  ensangrentados.

Con tanto empuje luchó
Paiva en aquella jornada,
que dentro la misma indiada
admiración despertó.
El Teniente que observó
su portentoso valor,
dijo al Sargento Mayor
mientras iban combatiendo:
“-Ese gaucho está pidiendo
la medalla del honor”.

Los indios se dispersaron
tras la derrota sufrida,
y en busca de su guarida
por el desierto fugaron.
Los milicianos quedaron
atendiendo a los heridos,
y en esos rostros curtidos
por los soles de la gloria…
Se vio de que la victoria
también tiene sus vencidos.

En el patio del fortín
el regimiento formó,
y por el triunfo vibró
con estridencia el clarín…
El cabo, Villamarín,
con los brazos bien abiertos,
rogó en los rudos conciertos
de unos versos emotivos…
La bendición pa’ los vivos
y el descanso pa’ los muertos.

Pidió entonces el Teniente
que Paiva se presentara,
pa’ que la tropa admirara
la figura de un valiente,
pero el soldado Vicente
al instante,  respondió:
“-Tal como lo prometió
Paiva la noche pasada…
después de vencer la indiada
de las filas desertó.”


Versos de Juan Pedro Carrizo

miércoles, 14 de mayo de 2014

CAMINO...

Contemplo desde mi rancho
el camino que se pierde,       
en ese horizonte verde
que tiene aspecto tan ancho.
A mis pupilas ensancho
con inefable placer,
para dejarlas correr
con varonil arrogancia.
Pues para mi la distancia
tiene encantos de mujer.

Camino que está escoltado
por una guardia de cardos,
que son lo mismo que nardos
para el gaucho enamorado.
No sé que fin anhelado
tiene su fe distendida,
que con marcha decidida
va por los campos cruzando…
como si fuera buscando
los misterios de la vida.

Cuando aparece la aurora
sobre el cielo desteñido,
con vaporoso vestido
y sonrisa tentadora,
nuestra calandria cantora
lanza su trino valiente,
y el camino lentamente
va recobrando su brío…
gozoso porque el rocío
lo salpica suavemente.

Al llegar el medio día
cuando el sol con su color,
le deja un beso de amor
que fructifica en poesía..
el camino que se amplía
después de cruzar el cerro,
palpita con el cencerro
de una tropilla entablada…
que corre como impulsada
por los ponchazos de Fierro.

Y cuando el atardecer
pone un tinte de tristeza,
recién el camino empieza
su carrera a detener.
Entonces se puede ver
sobre el paisaje sencillo,
la rama de un espinillo
sus flores enarbolando…
y dos tordos cabalgando
sobre el lomo de un potrillo.

Cuando lo cubre la noche
con su sombra funebrera
y el llanto de la tapera
le pone trágico broche,
pensamientos en derroche
me clavan un dardo fino,
y mientras labro mi trino
con esperanza encendida…
la luna media dormida
se recuesta en el camino.


Versos de Juan Pedro Carrizo