lunes, 27 de abril de 2026

LA MOROCHA

 1

Yo soy la gracia argentina

con mi garbo de morocha,

la que un poema derrocha

de flores cuando camina…

La de la silueta fina

como el cisne del juncal,

la que con paso triunfal

cruza el mundo tentadora

como si fuese una aurora

en su traje de percal.

2

Yo soy la que habla de amores

en el jardín del encanto…

y sueña en la dicha tanto

que solo vive entre flores…

La que al mirar sus fulgores

como de una daga el filo,

turban el pecho tranquilo;

la que lleva con remango

en las caderas de un tango

y en los ojo de un estilo.

3

Yo soy el hálito suave

del campo en l primavera,

la cricia que se espera

y el beso que no se sabe…

La cantinela del ave

sobre el rosal de la huerta…

el soplo con que despierta

la armonía del pensil:

el taciturno perfil

de la llanura desierta.

4

Yo soy para la canción

de la guitarra que llora…

espejismo de una aurora

ensueño del corazón,

la misteriosa expresión

de los ramajes inquietos,

cuando vibran indiscretos

los nidos en la enramada,

bajo la sombra encantada

como un montón de secretos…

5

Yo soy la fecunda llama

que hace germinar los sueños;

la de los rizos sedeños

que se desespera y ama.

El perfume de retama

de los idilios agrestes,

cuando tremolas las vestes

del ensueño en la pradera;

flor de rancho; enredadera

ce campánulas celestes.

6

Yo soy la que tentadora

de la danza en el arqueo,

alza en alas del deseo

la música pecadora.

La que escucha, soñadora,

la guitarra de algún mozo…

y con sensual alborozo

entre pícaros remedos

en la punta de los dedos

le tira besos de gozo.

7

Yo soy el labio que sella

el amoroso concilio…

sin tender ciclos de idilio

para mi frente de estrella…

en armonioso querella

me cantó el pájaro errante

y en el cordaje vibrante

de la guitarra fui son,

décima, triste, canción

de una armonía distante.

8

Yo soy de los payadores

de la tierra que se van…

rudo y perdurable afán

de espumas, alas y flores.

Y tejo con mis amores,

de intraducible fervor,

cintas de patrio color

para, sencilla, adornar

como si fuese un altar

la guitarra del cantor.

9

Yo soy la que se consume

en el amor y se agobia

como el lirio de una novia

en un vaso de perfume…

La paloma que se entume

al soplo del desamparo,

la que del monte en el claro

tirita con el pampero

y muere bajo el alero

porque le falta el reparo…

10

Yo soy el trébol de olor

de la guirnalda campera;

la pasional compañera

del errante payador.

La ternura del rumor

que tiene el sauce sin nido

cuando se doble dormido

sobre la blanca laguna…

y así lo besa la luna

con el beso del olvido.

11

Yo soy abrazo y ternura,

el clavel cerca del nardo,

la miel de la flor de cardo

entre espinas de amargura.

La que el acibar apura

de la inconstancia más fiera

y muere con su quimera

sin levantar un reproche,

como se mueren de noche

las flores de enredadera.

12

Yo soy la luz, la poesía

en su ternura salvaje,

sin ficción y sin ambaje,

sin calculo ni falsía.

La ignota melancolía

de los desiertos lejanos,

la que juntando las manos

reza en las noches tranquilas,

la que lleva en las pupilas

las nostalgias de los llanos.

12

Yo palpito en el concierto

de la pampa interminable,

como caricia inefable

en el alma del desierto.

Y surjo desde lo muerto

como luz de más allá…

perfil grabado que está

y la tradición mantiene:

entre la raza que viene

y la raza que se va…

 

Versos de Francisco Aníbal Riú

 La versión que ofrecemos corresponde a la que aparece en el libro “Musa Errante” de 1911.

Esta composición en décimas también fue recogida por el sabio alemán Robert Lehmann-Nitsche, cuando en 1906, recopiló de una cantidad de cantores populares y bolicheros, sus repertorios, en la ciudad de La Plata y sus alrededores.

A “La Morocha” el encontró publicada, en 1905 en “El Fogón Periódico Criollo”, en “Musa Errante” Nº 7 y en “Caras y Caretas”.

Las estrofas 7 y 8 del verso transcripto por nosotros, no figuran en los que recoge Lehmann, y a su vez éste ofrece, fuera del texto, otra estrofa que dice era “muy conocida en La Plata”, que no están en el libro de Riú:

 Eres la flor del pago,

la enamorada trigueña,

que con Santos Vega sueña

de la pasión al amago;

la que se rinde al halago

del beso como una palma

al ventarrón, y sin calma

deja vagar sus antojos,

mientras en torno a sus ojos

abren las puertas del alma.

domingo, 26 de abril de 2026

MI RANCHO

 Perdido en el follaje

mi rancho se levanta

con una enredadera

que al mismo cielo alcanza.

 

Lo anidan las palomas,

lo visitan las garzas

mezclándose los trinos

igual que una alabanza.

 

Allí no pasa el tiempo,

me alimento de auroras

y alguna copla nueva

desafiando las horas.

 

Perdido allá en el bajo

lo secundan los cardos.

El cielo, está besando

el techo de mi rancho.

 

Versos de Alcira Moreno

                     (Cañuelas)

domingo, 4 de enero de 2026

LA ZAMBA

 El cielo estaba estaqueado

con cuatro horizontes pampas.

Con tres, jugaba la sombra

Y en otro jugaba el alba…

 

En el alero un candil

y en la guitarra, una zamba.

 

Ella le burlaba al viento

sus trenzas negras y largas.

Él, con la boca encendida

y en cada mano una brasa…

 

Zumba, zumba la bordona.

Zumba que zumba, la zamba…!

 

El calzoncillo cribado,

la mano izquierda en la rastra,

y –ay, que no puedo olvidarte…!

Y –ay, que se vuelan las faldas…!

 

Sobre un pedazo de noche

se va durmiendo la zamba.

 

Por los pañuelos despiertos

-qué intenciones se escapaban…!

Ella se dio. Pan moreno.

Y él, partió por la mañana.

 

Junto al brocal del aljibe

quedó una prenda tirada.

Y –ay, que no puedo olvidarte…!

Y –ay, que me gusta la zamba…!

 

Versos de Cátulo G. Castillo

sábado, 27 de diciembre de 2025

DEL CAMINO

 Mulas cansadas

cargan mis árganas:

chinchillas de Socompa…

matras de Oruro,

arrope hecho en los toldos

de Antofagasta

y vainas de algarrobo

de Río Segundo.

 

Nací resero de lunas

y arriero de madrugadas,

llevo en los ojos clavados…

los rumbos de la distancia.

El tordo solo hace noche

en nidos que abandonaran.

 

Se me hace caña la estrella

que bebo con pico y alas,

el sol me quemó la frente

y me dejó sin palabras.

En quebrachales del Chaco

tocan degüello… las hachas.

 

Cuando vuelva con los soles

que en la tarde se desangran,

mi río cordillerano

tendrá aldabones de agua,

y golpearán a la puerta

de las brujas de mi almohada.


En la carga traigo yuyos

para los males del alma,

suelen doler las achuras

como uñas encarnadas.

Quien duerme bajo los astros,

ebrio de luz… se levanta.

 

Cuando vuelvo de los valles

hay una voz que me nombra:

anoche la luna loca,

cortó las pierna’a mi sombra…

me pesan sobre los párpados

otras árganas extrañas.

 

Los cepos no me detienen,

ni las cadenas me atan.

Yo soy semilla del viento…

mi rumbo siempre es mañana,

al buscador de horizontes

no lo detienen las lágrimas.

 

Cuando estés leyendo esto,

quizás, yo ande por Salta,

o por Covunco o Socompa…

trayendo chulengos mácuas.

Tal vez te sirvan de abrigo…

Yo… me tapo con escarchas.


Versos de Arístides Danilo Isasa

sábado, 18 de octubre de 2025

TALA

 Porque crecí retorcido

y espinoso como el tala,

se me ha antojado que el árbol

me representa en sus ramas.

 

Algunos dirán seguro

que estorbamos en las pampas,

que la leña que brindamos,

no forma una buena brasa.

 

Que pa’ colmo en el invierno

parece que nos secaran,

porque se nos caen las hojas

y afeamos las barrancas.

 

Y otros más lamentarán,

por culpa de la alambrada,

que allí nos vamos salvando

de topadoras y de hachas.

 

Pero olvidan los cretinos,

que nuestra sombra ocultaba

la casa de los yaguares,

del querandí su morada.

 

Y no saben o no quieren

saberlo por si se espantan,

que nos quedamos sin hojas

pa’ que’l sol llegue a otras plantas.

 

Que le dimos hasta nombres

para saber dónde estaban,

si en el Talar de Pacheco

o en el pueblo de Los Talas.

 

Pero ha querido la suerte,

más que suerte una desgracia,

que nuestro nombre del inca

coincida con el que tala.

 

Porque talan y destruyen,

cada vez con mayor saña,

y no es lo mismo el que tala

que dejar de crecer un tala.

 

Tal vez un día recuerden

con algo de pena amarga,

que debajo del asfalto

hubo raíces de talas.

 

Que fuimos para las aves

abrigo, comida, casa,

y que en vez de criticarnos,

en el alba nos cantaban.

 

Y si queda alguna duda

que somos la misma raza,

prueben su fruto y verán

que era dulce nuestra alma.

 

Versos de Juan Carlos Chébez

miércoles, 30 de julio de 2025

SOLDADO DE RAMÍREZ

 Estampa del heroísmo que se esfuma

como una fantasía de la historia,

acero de valor, clarín de gloria

que va hundiendo sus dardos en la bruma.

 

Su sola impronta la visión exhuma

de un héroe en su soñada trayectoria,

y ahí está, decisiva, perentoria,

luciendo sus cordones y su pluma…

 

Su pluma de ñandú que representa

la libertad que afirma, que cimenta

con su gesto y empuje soberanos,

 

porque va en su morrión una divisa

que el alma provinciana efervoriza

a su grito de “¡mueran los tiranos!”.

 

Versos de Delio Panizza

domingo, 6 de julio de 2025

GAUCHO

Gaucho:

naciste en la juntura de dos razas,

como en el tajo de dos piedras

nacen los talas.

 

Con un poco de tierra y otro poco de cielo,

amasaste el adobe para construir tu rancho

mismo como el hornero;

por eso yo te veo ascendencia de pájaro.

 

Eras:

una mitad hacia abajo y otra mitad hacia arriba;

una mitad de tierra y otra mitad de cielo;

una mitad de carne y otra mitrad de alas;

carne tu forma física,

alón tu forma lírica;

y si eso no bastara para llamarte alado:

alas en tu caballo,

alas en tu sombrero,

alas todo tu poncho,

alas a media espalda flameando en tu pañuelo,

y alas también llevabas fijas en los talones:

las agudas rodajas de tus espuelas.

 

Gaucho:

naciste en la jun tura de dos razas,

como nacen los talas

en el tajo de dos piedras.

 

Versos de Fernán Silva Valdés