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viernes, 2 de marzo de 2018

PANGARÉ BUEY


Invicto quedó en la historia
el flete “Pangaré Buey”
en donde llegó fue el rey
nadie jamás lo exigió
y todas las que corrió
se las ganó en buena ley.

La estancia Tamanquillú
del pago de Lobería
nació el flete que sería
en todo tiro temible
a más de ser imbatible
en cualquier cancha corría.
  
Criollo, netamente criollo
de Don Benito Machado
una tarde en el Salado
le corrió al “Santarritero”
era un pingo muy ligero
y el “Buey” le ganó cortado.
  
Ahí mismo le ganó al “Chili”
era una fija ese flete
y allí le bajó el copete
como siempre en buena ley
dicen que el “Pangaré Buey”!
pisaba los veintisiete.

Le ganó al de los ingleses
venía invicto el malacara
el “Buey” como cosa rara
le aflojó casi de más
y se la ganó de atrás
tenía orden que no cortara.

 Luego en Belgrano corrió
en su tiro más seguro
cortando al famoso “Oscuro”
del General Manuel Hornos
y aunque se habló de soborno
ganó en ley y sin apuro.
  
Andaba en los veintisiete
estando en su plena gloria
el que no tenga memoria
pídale al libro una ayuda
y si le sigue la duda
hágale juicio a la historia.
  
Ya con destino a Brasil
y un gran porvenir abierto
el diablo que anda despierto
partió su destino en dos
por un descuido en el box
al “Buey” lo encontraron muerto.

Versos de José Alaiz



                                     
                                 

jueves, 1 de marzo de 2018

DUELO CRIOLLO


Ya la tarde se adelanta
como copando la escena,
el viento su voz levanta;
hay un paisano que canta
y una guitarra que suena.
  
Se oye de pronto: “¡Abran cancha!”
en la vieja pulpería.
Dos gauchos, hacen pata ancha
para lavar una mancha
o ver de ofrecer su hombría.
  
Uno tira y otro ataja,
los dos se juegan la suerte.
La vida es una baraja.
Hay un poncho que abaraja
los puntazos de la muerte.
  
Cada gaucho es un artista
pues, en el duelo salvaje,
hay que ser buen esgrimista,
hay que tener buena vista
y hay que tener, buen coraje.

 De pronto llega un planazo
a quien pararlo no puede
y en la potencia del brazo,
hay uno que avanza un paso
y otro que lo retrocede.
  
Luego un murmullo se escucha.
Ni un ¡ay!, el herido dijo,
pues aunque la ciencia es mucha
en el ardor de la lucha,
ya está goteando un barbijo.
  
Un anciano hace la cruz
pero el combate no amaina
y mientras reza a Jesús,
una daga como luz
busca en el pecho una vaina.
  
La gente está arrodillada
frente a la mortal herida.
La acción está terminada
y aquella cara marcada
lleva el precio de una vida.
  
Ya se aleja el vencedor
un cuerpo queda tendido.
Aquel se va con dolor,
deja un retazo de honor
en la daga del vencido.

Luego lo alcanza la fama
y lo busca la partida.
Y andará de rama en rama,
mientras la cárcel lo llama
para cobrarle una vida.

Versos de José Alaiz