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viernes, 29 de agosto de 2014

CONSEJOS GAUCHOS

1
Cállense los entendidos
y atienda el que es ignorante
porque hay verdades bastante
en estos cinco sentidos,
y allá van como un latido
de un corazón bien parejo
para todos, mis consejos,
que podrán ser provechosos
si los escuchan los mozos
y me comprienden los viejos.
2
El hombre debe hecho
a la buen o mala suerte
para que la misma muerte
lo encuentre bajo buen techo,
que el camino que es derecho
nunca se debe cortar,
si es mucho mejor llegar
a ser poste y no palenque
porque para usar rebenque
hay que saber castigar.
3
Aquel que es despreciador
nunca tendrá buen camino
porque no se ata el destino
ni con nudo potriador,
si alguna vez el rigor
tal vez que en blanco lo elija
entonces, el que se aflija
y se resienta un segundo
tendrá que andar por el mundo
como bola sin manija.
4
El hombre que ande en la vida
y que tenga que rodar,
no debe desesperar
ni llorar la sorprendida,
porque en cambio no hay partida
que algún otro lo reclame
y si el diablo desparrame
los “malos” por su sendero,
a golpes se hace el acero
y el buey solo  bien se lame.
5
En las güeyas del querer
hay que ser muy precavido
porque es un lazo tendido
por manos de la mujer,
y el caído ha de saber
que no siempre se endereza,
hay que agachar la cabeza
como el pato cimarrón
que al sauce aunque sea llorón,
no lo matan las tristezas.
6
Hay que mirar el mañana
y olvidarse del ayer
que ya no podrá volver
ninguna dicha lejana,
si canta mejor la rana
es porque el charco es más hondo,
y yo mi desgracia escondo
y me duelen las ajenas
porque soy para las penas
igual que balde sin fondo.
7
Siempre muy mala partida
juega la confianza al hombre
y es mejor, sin que esto asombre,
ser desconfiado en la vida;
mirar siempre la salida
y no entrar por donde quiera,
porque al que hace delantera
siempre le encuentran razón
y en la grande  quemazón
arde hasta la viscachera.
8
Debe desconfiarse más
de las ruinas, como el sapo,
y aquel que sea bien guapo
no debe pegar de atrás
y el hombre siempre, además
es mejor que corto estribe,
porque el que confiado vive
está expuesto a un sobresalto
y aquel que sube más alto
más fuerte el golpe recibe.
9
Un vicio cuesta tomarlo
pero todo es empezar
más si se llega a arraigar
mucho más cuesta dejarlo,
lo mejor es mezquinarlo
y hacer como el picaflor
que para besar la flor
pega cincuenta gambetas
y el hombre que ande en carpetas
no debe ser copador.
10
El que quiera cosechar
debe fijarse en lo ajeno
y preparar el terreno
arando antes de sembrar
abra melgas pa’ empezar
según el rumbo que toma,
el tero pone en la loma
y así siguiendo sus leyes
¡no hay que hacer como los bueyes
arar, para que otro coma!

Versos de Julián de Charras

(Versión tomada del ejemplar Nº 24 de la 2ª quincena de 12/1922, de la Revista "El Alma Que Canta").

He respetado el texto en un 98%, porque al detectar varios errores de métrica y otros, supuestamente, de composición, he intentado -aunque sea un atrevimiento-, corregirlos siguiendo el sentido común; descontando por cierto, que dichos errores fueran de tan ilustrado poeta.

jueves, 2 de mayo de 2013

EL GAUCHO


Es él… el viejo centauro de las patrias tradiciones;
el héroe de los combates en los cuentos de fogón,
es el de Paz; el de Güemes; al que nuestros campeones
le confiaron la custodia del nacional pabellón.

Trovador de las llanuras derramaba en sus canciones
todas las penas amargas de su noble corazón;
la guitarra era el consuelo de sus íntimas pasiones
y su amigo de aventuras el cincelado facón.

Las pupilas de la criolla fueron su estrella de oriente
cuando el triunfo en las batallas orló de lauros su frente,
y en las penurias pasadas en la vida de fortín.

Por eso cuando el pampero lo encontraba
en los ranchos de la pampa, le dejaba en el oído
rumor de estilos campero y llamadas de clarín.

Versos de Julián de Charras

(Publicado en “El Alma Argentina”, 1ra. quincena 08/1923)

viernes, 19 de abril de 2013

JUAN DE LOS SANTOS ARENA


1
A orillas del Paraná
bajo un frondoso espinillo,
hay un ranchito sencillo
que siempre en silencio está;
ninguno a ocuparlo va,
pues dice la gente buena
que de noche un alma en pena
viene a esa choza vacía
donde en un tiempo vivía
Juan de los Santos Arena.
2
Dicen que al llegar las doce,
cuando las islas dormitan,
entre los ramajes gritan,
aves que nadie conoce;
cuando las flores con goce,
se bañan de luna llena,
surge del juncal serena
sobre un oscuro fogoso
la visión del gaucho hermoso
Juan de los Santos Arena.
3
Sigue al borde la barranca
meditabundo y sombrío,
mientras las ondas del río
juegan con la espuma blanca;
su frente pálida y franca
tiene el velo de una pena;
con timbres extraños suena
su prendaje de oro y plata;
y en las aguas se retrata                           
Juan de los Santos Arena.
4
Pero al dar vuelta el sendero
aparece ante sus ojos
aquella ruina…¡despojos!
de otro tiempo lisonjero
lanza un suspiro ligero                        
su brioso oscuro sofrena,
quita el sombrero con pena
de su frente soñadora
y ocultando el rostro llora,
Juan de los Santos Arena.
5
Echa pié a tierra enseguida
con un afán que desgarra
y descuelga la guitarra
a su espalda suspendida;
con vibración conmovida
ésta en sus manos  resuena,
porque el mal que lo envenena
le causa un dolor tan vivo
que en ella ve un lenitivo
Juan de los Santos Arena.
6
De pronto y sin pausa alguna
brota un concierto de notas
que a soledades ignotas
van vibrando una por una;
luego se nubla la luna
como empañando la escena,
y con  voz de luna, llena
de melodías la noche,
canta ese amargo reproche
Juan de los Santos Arena.
7
“Rancho humilde en que anidé
mis esperanzas tranquilo
tú me brindaste un asilo            
yo con sangre te manché.
Pero no ignoras que fue
muy grande y honda mi pena
que tan horrible condena,
quién sabe si merecía,
con esta eterna agonía
Juan de los Santos Arena.
8
 “Siento en mi pecho un vacío
al verte tan diferente;
ayer florido y luciente,
hoy derrumbado y sombrío
también mi vida en su estío
estuvo de encanto llena,
y hoy una oculta gangrena
sin embargo me devora;
ayer cantaba y hoy llora,      
Juan de los Santos Arena".
9
Más no bien el instrumento
lanza el último sonido
sale del rancho un quejido,
hasta trocarse en lamento;
dicen entonces que el viento
su furia desencadena,
que de pronto llueve y truena
y salpica la resaca
hasta donde se destaca
Juan de los Santos Arena.
10
Los yaguaretés también
entonces braman rabiosos,
 y los yacarés ansiosos
salir del agua se ven;
lo que fue calma recién
la tempestad desordena;
mientras con el alma llena
de un dolor indefinido
queda de todo abstraído
Juan de los Santos Arena. 
11
Hasta que al fin del letargo
parece sacarlo al día,
que distante todavía
se vislumbra sin embargo;
entonces al trote largo
suelta al viento la melena
aterrado por la escena
y como huyendo a sus males
se pierde entre los juncales
Juan de los Santos Arena.
12
Es esta la tradición
de estos sitios entrerrianos
que comentan los paisanos
llenos de superstición.
Y cuando las doce son
cualesquier rumor que suena
en esas islas los llena
de un miedo desconocido,
y se dicen al oído
¡Juan de los Santos Arena!

Versos de JULIÁN de CHARRAS