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miércoles, 11 de febrero de 2015

MADRUGANDO

Anheloso de pescar
infraganti a la mañana,
abre el sol a su ventana
y se asoma a curiosear.
Pero el pájaro sin par
centinela del paisano
con su cántico temprano
puso a todo en precauciones
y ya brillan las acciones
en el ámbito del llano.

El relincho del bagual
llega en sones colosales
mientras echan los pajales
a algún huésped nocturnal.
En el centro del cardal
baja el ave a comer algo
y, correcto y muy hidalgo
el ñandú maratonista
baja el record de la pista
exigido por el galgo.

El peoncito domador
sube y vence a los baguales,
cuando ponen los mensuales
alma y nervio en la labor.
La perrada en su furor
va ahuyentando a la majada
que contempla consternada
en el viejo estaqueadero
cada ausente en cada cuero
de epidemia o de carneada.

La chinita excepcional
en un rinde de destajo
va cortando tajo a tajo
a la leña del corral.
Y al alzarse señorial
el solcito, muy contento,
en los mástiles del viento
se asemeja a una bandera
la silueta del “linyera”
que se pone en movimiento.


Versos de Juan Antonio Bourdieu

martes, 10 de febrero de 2015

AL ÑUDO!

Guasquiando al pingo de l’existencia
rumbo a los pagos de mis anhelos;
por el potrero’e los veinte años
un contratiempo… m’echó los perros.

Y, por librarme d’esa jauría
cerré las piernas al pobre soco;
y, en el apuro no vi una zanja
y di en el suelo, con todo el lomo.

En la rodada quebróse mi alma
y car’arriba quedé chiyando;
pero a mis ayes yeg’un alivio
de una esperanza, qu’iba de paso.

Con buen mano, me puso en cura
con yerbas y untos bien conocidos;
y curadito… de nuevo fuerte,
volví a la vida, com’un potriyo.

Hasta que un día por puro gusto
cái en la trampa de los recuerdos,
y silencioso, sin hacer ruido,
volví hacia el pago de mis anhelos.

Pensaba cáirle así, de sorpresa,
si era posible, sin que me viera,
aunqu’era fácil que con los años
ni se acordara quién diablos era.

Y, cuando cráiba salir airoso
se aparecieron los mismos perros;
y, ayí, adelante, negra y profunda
la misma zanja’taba sonriendo.

Miré mis barbas: ¡las vide canas!
tantié mis garras: ¡sentí girones!
pero la zanja y aqueyos perros
er’un designio qu’estaba jóven.

Y en desventaja pa’ otra rodada
tomé’l regreso ya convencido;
que ni por tiempo ni por sorpresa
¡podía burlarme de mi destino!


Versos de Juan Antonio Bourdieu