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jueves, 28 de diciembre de 2017

EL ZAINO

Este zaino petiso y resignado,
de lento andar y natural sencillo,
retorna al saucedal de El Pantanillo
añorando la chata y el arado.

Los Reyes Magos al pasar le han dado
un concierto de ranas y de grillos,
y el rocío mojóle el espartillo
en homenaje a su molar gastado.

Retorna el potro a sus amados lares
a regustar la paz de sus mollares
recordando sus tiempos de potrillo.

Pues ya que ha sido fiel como la hiedra,
no debe fallecer sobre las piedras
sino en la dulce paz de El Pantanillo.

                                                   (6/01/1956)

jueves, 21 de diciembre de 2017

LA MILONGA PERDIDA

La milonga se ha perdido
no la pueden encontrar
unos dicen que la vieron
cerca de San Nicolás.

El resero Gorosito
-surero del lau de Puán-,
asegura que la ha visto
por la orillita del mar.

Y anda por ahí lo que dice
Don Gabino, el mayoral,
que la sintió muy quejosa
allá por ‘la Paternal’.

La milonga se ha perdido,
no la pueden encontrar.

No falta quien asegura
que la escuchó en un portal
en labios de una morena,
adorno de soledad.

El aire de la milonga
no se pierde así nomás
mientras haya una guitarra
argentina u oriental.

Tal vez ha cambiado un poco
pero es la misma nomás,
amanecida en la pampa,
trasnochada en la ciudad.

La milonga se ha perdido,
no la pueden encontrar…


Atahualpa Yupanqui

miércoles, 19 de agosto de 2015

EL MALÓN

 Sobre una fragua de arenas
templa la noche su acero.
Chispas de plata se incrustan
en el pectoral del cielo.
Trescientas leguas de costas
tienen los indianos reinos,
y al poniente cordilleras
con catedrales de espejos.

Los ojos del aborigen
van taladrando el desierto,
ya bebió en vaso de arcilla
sangre de cóndor cumbreño.

Viene el malón ranquelino,
poncho, bravura, silencio.
La pampa cómplice presta
su mar de tambores muertos.
Las bocas muerden el grito
madurado pecho adentro;
las raíces del encono
tiñen de negro el desierto.

Allí está el fortín heroico,
guitarra, patria y desvelo,
surco de siembra futura
y una bandera en el viento.
Cañón y clarín de bronce,
bravo sable guerrillero,
y un castellano en la sangre
sabio en cantares y duelos.

Duendes de niebla en los pastos
pintan presagios funestos,
el “cielito” en las guitarras
y el galope en el desierto.

Alta la lanza y el grito
pasa el malón malonero.
La muerte baila en la noche
con un festín de degüello.
Y hasta el arco de la luna
pone en sus flechas veneno
para matar macachines
que en el alba florecieron.

Como un juguete de vidrio
se queda el fortín deshecho.
Sobre los ranchos quemados
el humo reza en silencio.

Ya se vuelven los ranqueles
a sus toldos guanaqueños.
La pampa también galopa
con su tropilla de médanos.
Furia de alcohol y tambores
goza el indio pampa adentro.
Por las cordilleras blancas
la noche esconde su miedo.
Mientras besando su herida
marcha un gaucho fortinero,
soñando batir un día
la maldición del desierto.


Versos de Atahualpa Yupanqui

domingo, 13 de octubre de 2013

MALAMBO

La noche le puso al viento
negro chiripá de gaucho.
Un par de estrellas cayeron
rodando sobre los pastos.
Y así, con magia de Pampa,
de galopes desatados,
de arroyo, gramilla, trébol
y dura gracia de cardo,
mirando la Cruz del Sur
nació el Malambo.

Espuelas de plata pura
con más cantos que un verano.
Espuelas llenas de pinchos
terror de los potros bravos.
Espuelas de fierro dulce
del que nunca tuvo rancho.
Todas, siquiera una vez
en un domingo paisano
rayaron los patios criollos
Malambeando.

¿Qué es la espuela? Es una estrella
copiando el sonido exacto
de los galopes tendidos
a lo largo y a lo ancho.
O galopeando en silencio
cuando el caballo va al tranco
sin apuro, en un regreso
sin por qué, dónde, ni cuándo.

¿Qué es la espuela? Luz de luna
que una vez se hizo pedazos
por besar una guitarra
que entre las manos de un gaucho
se durmió en un solo ritmo,
Malambeando…

La guitarra suena, suena.
De su brocal embrujado
salen los tonos precisos
en tres acordes rasgueados.
¡Sírvase algo el guitarrero,
y siga con el Malambo!

Un forastero se allega
y prudente se abre paso:
si me permite la gente
voy a pedir un barato.
¡Yo soy de Saldungaray,
y cuando estoy mudanceando
bailo mirando de frente,
mientras tengo preparado
mi caballo, rienda arriba,
y el poncho envuelto en el brazo!

En las guitarras del sur
la pampa está malambeando,
con viento, arroyo y estrella,
con cardo, gramilla y árbol.
Con sus eneros quemantes
y sus junios escarchados.
Y con las huellas tendidas
a lo largo y a lo ancho.

Rancho, estancia y pulpería,
¡allá van, de pago en pago
las guitarras de la Pampa,
Malambeando…!

Sobre las criollas vihuelas,
galopando, galopando
la Pampa, llegó a la fiesta:
“¡Güenas tardes, amigasos!
Con su permiso, señores,
ponga una güelta. Yo pago.
¡A la salú de la moza!
¡Guitarrero, cántese algo!”
La Pampa bebió ginebra
y habló de potros y pastos,
de bueyes y carretones,
de cañadones y vados.
Habló de lanzas y ponchos,
de rodeos y de lazos.
¡Y ajustándose el barbijo
como pa’ montar un bravo,
se metió en los corazones
Malambeando!

El Malambo es el guardián
de una tropilla de cantos
que andan por la tierra nuestra
marcaos, y siempre orejanos.
¡No morirán las vidalas,
las chacareras ni el gato,
ni la huella, ni la zamba,
los estilos ni los huainos,
mientras retumbe la tierra
en los domingos del campo,
y se haga astillas un criollo
malambeando! ¡Malambeando!

Versos de Atahualpa Yupanqui