viernes, 26 de septiembre de 2014

CORRIENTES TIENE PAYÉ

Si, señor. Doy fe de ello:
Corrientes tiene payé.
Por mucho que usted sonría
pensando: ¡Vaya sandez!
Son simplezas agoreras
de quien siempre quiso bien
a su cuna… yo repito:
Corrientes tiene payé.

Tiene payé, talismán
de un infalible poder
que fraguó la hechicería
guaraní de imaguaré.
Ese encanto de mi tierra
que la hace lucir tan bien
es la que afirma mi aserto:
Corrientes tiene payé.

Y si no, que nos lo digan
las flores de su vergel,
sus lapachos y azahares,
mburucuyás e irupés,
sus estrellas federales,
su jazmín magno y también
aquella blanca sultana
que hace, febrero al nacer,
exclamar a quien la huela:
¡Corrientes tiene payé!

Que lo digan los milagros
de nuestra cruz de urundai
y los de aquella Señora
de Itatí, de oscura tez.
Que lo digan su paisaje,
su Paraná, su Batel,
su Iberá, su río Corrientes,
su Miriñay, su Aguapey…
Sus campiñas encendidas
con los cromos de un edén;
sus palmares dormitando
bajo el asayé pité.
(Campos que un día jugando
en la historia su papel
vieron luchar a su pueblo
con espartana altivez).

Que lo digan sus fantasmas
que el paisano llama infiel;
el mboi tatá y el pombero
y aquel yasí yateré
cuyo silbo legendario
pareciéramos traer
un eco añejo que dice:
Corrientes tiene payé.
Si señor, sí que lo tiene,
¡cómo no lo va a tener!,
lo pregonan los sabores
del tibio chipá jheité,
los de sus dulces de almibar,
sus mandiocas y su miel.
Lo repican sus cordionas
con alma de chamamé,
nos lo dicen sus guitarras
cuando en el anochecer
remedan en su cordaje
trinos del korochiré.
Nos lo gritan sus varones
con viril yurú peté
en las jornadas fecundas
del surco, el potro y la res.
Lo rubrican sus mujeres
(¡lindas morenas de ley!)
en el milagro de un beso,
de un hondo yurú pité.
Lo está repitiendo todo:
el campo, el cielo… y también
vuelve a afirmarlo mi verso
¡Corrientes tiene payé!


Versos de Osvaldo Sosa Cordero

lunes, 22 de septiembre de 2014

PUESTEROS DEL OESTE

(fragmento de “El Último Bandido Romántico”)

Al sur de Santa Isabel
han de recordar sus rastros,
don Sixto Pereyra, Castro,
que fueron amigos de él,
siempre costeando el Atuel
hay gente que lo ha ayudado:
Macini, Funes, Bogado,
Del Río, Rosas, los Fuentes,
aún hoy lo tienen presente
y su recuerdo han grabado.

Bulacio, Ríos, Cabrera,
Tapia, González, Cuyola,
Juan Gatica, que enarbola
un mangrullo a su manera,
esta es la gente campera
que hoy sigue brindando afecto;
con el más alto respeto
reviven al gaucho aquel:
al sur de Santa Isabel
¡sigue vivo Bairoletto!

Mangrullo pampa argentino,
herencia de los malones,
de allí diviso ilusiones
andando por los caminos,
un capricho del destino
te fue dejando olvidado,
sos recuerdo del pasado,
tu figura se agiganta,
el más criollo de la pampa,
gauchazo como un asado.

Sigo galopando huellas
por la inmensa travesía,
donde utilizo por guía
el fulgor de alguna estrella;
ella será la doncella
que me ayudará a avanzar
y llegará mi cantar
con el más sublime amor,
este destino cantor
que hoy me obliga a caminar.

Siempre que pisé la taba
fui un temido apostador,
como viejo jugador
era arma que dominaba,
de dos vueltas la clavaba
en la cancha que me dieran,
era provocar las fieras
si me toreaban con plata;
muchos marcharon a pata,
difícilmente volvieran.

No me quiero ponderear,
perdón por mi interrupción,
pensarán “de compadrón
se está queriendo agrandar”;
seguiré con mi cantar
desvirando algún recuerdo,
a tranco pausado y lerdo
y con mi claro dialecto,
yo rastrearé a Bairoletto,
voy a ver si no me pierdo.


Versos de Enrique “Quique” Rodríguez

domingo, 14 de septiembre de 2014

DOS AMORES

Déjeme solo, aparcero
que si chupo es con mi plata;
no pido fiao al pulpero
y rispondo con el cuero
si yego a meter la pata…

¿Qué’s malo empinarse ansina?
¿Qué la sangre s’envenena?
¡Si es pa’ mi la chupandina
como el beso de una china
cuando se añuda una pena!...

Dos amores me han quedado
dispués de tantos reveses;
la vigüela y el guindao,
porque cantando o mamao
yo suelo soñar a veces…

Cuando la guitarra abrazo,
o cuando la copa empino,
se cicatriza el puntazo,
y estando con el trancaso
se me hace liso el camino…

Borracho el crestiano olvida;
cantando el gaucho es feliz;
y el traqueteo’e la vida
m’enseñó que la bebida
saca un dolor de raíz…

Yo también antes, decía
que’ra chupar cosa fiera,
pero entonces, no sabía
que entrando a una pulpería
las penas quedan ajuera…

Patrón: por favor le pido,
alcanceme’l encordao,
yo soy un zorzal herido
que va’a pararse rendido
sobre’l árbol del pasao…

-¡Gracias, patrón! Aura un trago
pa’ poder cantar mejor,
mientras la trienza deshago
de a poco, y recorro el pago
ande yo tuve un amor…

En ese tiempo era mozo
cuando me manió un querer,
sin comprender en mi gozo
que’s fiero asomarse al pozo
del alma de una mujer…

Pero el gaucho andando “alzao”
no piensa en el porvenir,
ricién al verse engañao
busca cantando o mamao
consuelo pa’ su sufrir…

Yo po’eso voy por el mundo
recorriendo pulperías,
yevando en lo más projundo
de mi alma de vagabundo
las grandes tristezas mías;

y es po’eso que estando en pedo
ráigo feliz y contento,
y no m’importan un bledo
las penas ande m’enriedo
porque las mata el fermento…


Versos de Enrique M. Gaudino

sábado, 30 de agosto de 2014

EL GAUCHO

1
Yo soy el gaucho que canta
cuando un pesar le acongoja;
soy árbol que se deshoja
del dolor bajo la llanta
sola en la vida me encanta
el vivir con libertad,
por eso en la inmensidad
del desierto, se ha extendido:
yo necesito ese nido
soy ave de tempestad.
2
Soy el que cruza sombrío,
como racha del “pampero”,
en su dócil parejero
de la Patria, el campo mío;
soy el torrentoso río
en las llanuras formado
cuyo cauce desbordado
del infortunio al rigor,
busca el mar de un dulce amor
para vivir resignado.
3
Soy el que calma su pena
peleando contra la suerte;
el que provoca a la muerte
siempre con cara serena;
el que en la desgracia ajena
tiende primero la mano;
el que lleva, soberano,
como tesoro ocultado
dentro del pecho encerrado
el corazón más humano.
4
Soy  aquel que cuando dora
la brillazón en Oriente
hasta su pálida frente
llega el beso de la aurora;
el que en su pecho atesora
la fuente de la ilusión;
el que juntito al fogón
su guitarra hace llorar,
el que si llega a cantar
despedaza el corazón.
5
Yo fui la savia volcada
en la guerra fraticida,
la que corrió por la herida
de la Patria desangrada;
fui la primera avanzada
contra el despotismo extraño,
he sido el primer peldaño
del progreso en el cimiento,
el que no se dobló al viento
ni al peso del desengaño.
6
Yo soy el gaucho proscrito
en la Patria que ha formado
el que purga abandonado
de su valor, el delito.
El que a veces al tranquito
cruza la pampa desierta,
donde como sombra incierta
veo recuerdos que fueron,
pero que ya se perdieron
como mi esperanza, muerta.
7
Soy el que en noche sombría
pasa los campos, cantando
canciones que van dejando,
no sé qué melancolía,
soy el que lleva por guía
como una estrella fulgente,
la miradita sonriente
de la criolla que lo adora,
cuya luz es una aurora
que va estampada en mi frente.
8
Soy el que en los ojos negros
guarda gotas de rocío,
perlas que ha dejado el río
del dolor en sus despojos;
el que pisa los abrojos
de la senda con orgullo,
soy el que sueña al arrullo
del “pampero” rugidor,
que me ha educado cantor
con su incesante murmullo.
9
Yo soy el gaucho que adora
la soledad del desierto,
de las brisas el concierto
y su rancho de totora.
El que vive entre la aurora,
del amor y el sufrimiento,
soy el que respira el viento
sahumado de margaritas;
el que canta vidalitas
más sentidas que un lamento.
10
Soy el que si en la llanura
la oscuridad lo sorprende
junta cardos, con que enciende
para asar alguna achura.
El que sin grande amargura
tiende el recao en el suelo
y entre tanto sin recelo
se va quedando dormido…
El viento canta a su oído
Y tiene por techo el cielo.

Versos de Horacio B. Oyhanarte

viernes, 29 de agosto de 2014

CONSEJOS GAUCHOS

1
Cállense los entendidos
y atienda el que es ignorante
porque hay verdades bastante
en estos cinco sentidos,
y allá van como un latido
de un corazón bien parejo
para todos, mis consejos,
que podrán ser provechosos
si los escuchan los mozos
y me comprienden los viejos.
2
El hombre debe hecho
a la buen o mala suerte
para que la misma muerte
lo encuentre bajo buen techo,
que el camino que es derecho
nunca se debe cortar,
si es mucho mejor llegar
a ser poste y no palenque
porque para usar rebenque
hay que saber castigar.
3
Aquel que es despreciador
nunca tendrá buen camino
porque no se ata el destino
ni con nudo potriador,
si alguna vez el rigor
tal vez que en blanco lo elija
entonces, el que se aflija
y se resienta un segundo
tendrá que andar por el mundo
como bola sin manija.
4
El hombre que ande en la vida
y que tenga que rodar,
no debe desesperar
ni llorar la sorprendida,
porque en cambio no hay partida
que algún otro lo reclame
y si el diablo desparrame
los “malos” por su sendero,
a golpes se hace el acero
y el buey solo  bien se lame.
5
En las güeyas del querer
hay que ser muy precavido
porque es un lazo tendido
por manos de la mujer,
y el caído ha de saber
que no siempre se endereza,
hay que agachar la cabeza
como el pato cimarrón
que al sauce aunque sea llorón,
no lo matan las tristezas.
6
Hay que mirar el mañana
y olvidarse del ayer
que ya no podrá volver
ninguna dicha lejana,
si canta mejor la rana
es porque el charco es más hondo,
y yo mi desgracia escondo
y me duelen las ajenas
porque soy para las penas
igual que balde sin fondo.
7
Siempre muy mala partida
juega la confianza al hombre
y es mejor, sin que esto asombre,
ser desconfiado en la vida;
mirar siempre la salida
y no entrar por donde quiera,
porque al que hace delantera
siempre le encuentran razón
y en la grande  quemazón
arde hasta la viscachera.
8
Debe desconfiarse más
de las ruinas, como el sapo,
y aquel que sea bien guapo
no debe pegar de atrás
y el hombre siempre, además
es mejor que corto estribe,
porque el que confiado vive
está expuesto a un sobresalto
y aquel que sube más alto
más fuerte el golpe recibe.
9
Un vicio cuesta tomarlo
pero todo es empezar
más si se llega a arraigar
mucho más cuesta dejarlo,
lo mejor es mezquinarlo
y hacer como el picaflor
que para besar la flor
pega cincuenta gambetas
y el hombre que ande en carpetas
no debe ser copador.
10
El que quiera cosechar
debe fijarse en lo ajeno
y preparar el terreno
arando antes de sembrar
abra melgas pa’ empezar
según el rumbo que toma,
el tero pone en la loma
y así siguiendo sus leyes
¡no hay que hacer como los bueyes
arar, para que otro coma!

Versos de Julián de Charras

(Versión tomada del ejemplar Nº 24 de la 2ª quincena de 12/1922, de la Revista "El Alma Que Canta").

He respetado el texto en un 98%, porque al detectar varios errores de métrica y otros, supuestamente, de composición, he intentado -aunque sea un atrevimiento-, corregirlos siguiendo el sentido común; descontando por cierto, que dichos errores fueran de tan ilustrado poeta.

martes, 26 de agosto de 2014

LA ÚLTIMA CHATA

Con toda la caballada
y el lujo de su aperaje
cruzó despacio el paraje
la última chata cargada.
Bajo una tarde nublada
que entristecía el paisaje,
pingos de oscuro pelaje
cumplían la misión ingrata
de llevar aquella chata
haciendo el último viaje.

A ocho leguas de Navarro
paraje de “El Sol de Mayo”
con sus famosos caballos
entrenados en el barro.
Vivía un paisano bizarro
que decía con acierto:
“-Después que yo me haya muerto
tal vez te echen al olvido…
querida chata que has sido
hasta hoy, “La luz del Desierto.”

Ese nombre en la culata
y en las barandas al tope
le había escrito Don López
que era el dueño de la chata,
y que hoy ya nadie más ata
después que tanto ha servido,
su patrón, ya envejecido
partió hacia el último puerto…
y ya no alumbra el desierto
su farolito encendido.

Que fantástica visión
reflejaba en la llanura
esa colosal figura
a la hora de la oración.
Ya no se ve aquel fogón
de biznaga y cinacina,
donde un guiso se cocina
al borde de algún camino,
ni se escucha el peregrino
cencerro de la madrina.

Entre un tropel de camiones
don López, seguía en su chata,
y aunque ganó poca plata
no soportaba patrones.
Tampoco tuvo ilusiones
de riquezas ni ambición;
solo la noble intención
de mantener victoriosa
esa bandera gloriosa
de la criolla tradición.

Tal vez un día el gauchaje
-con el pabellón al tope-
le rindan a Eduardo López
y a su chata, un homenaje.
Porque eran para el paisaje
auténticos atractivos,
tan nuestros como exclusivos
igual que el ombú en la pampa
y adornaban con su estampa
los horizontes nativos.

Hoy entre cardos y espinas
-sin motivos valederos-
en los campos navarreros
se van muriendo una ruinas.
Gloriosa chata argentina
que acarreara tanto peso,
hoy duerme eterno receso
después que fue su destino
llevar por tantos caminos
todo el fruto del progreso.

Dicen que cuando el paisano
del pago de “El Sol de Mayo”
largó el último caballo,
lo abrazó como a un hermano.
Y luego mirando al llano
siente que todo termina
y humedece su retina
un lagrimón que atropella…
y nunca más a la huella
salió la chata argentina.


Versos de Ricardo D. Lejarza

lunes, 18 de agosto de 2014

¡UN MOMENTO, MOSITO!

¡Un momento, mosito, no se gaste!
¡’ta muy equivocao si anda pensando
que me va’rriar a gritos pa’nde quiera
igual que a los dimás!... En tuito el pago
saben que jui rebelde a los mandones,
que naides me hiso güeno a chicotazos,
y que no aguanto pulgas a denguno,
ni a caudiyo, ni a jués, ni a comesario!
¡Sofrene el mancarrón, no pierda el tiempo
si quiere convencerme gritoniando!
en mi vida he cayao muchos gritones
¡y fijesé que tengo el pelo blanco!

…¡Güeno… güeno… no mi’haga esos pucheros!
¿Cómo…? ¿Me va’a  yorar…? ¡Epa, caracho!...
¿No ve que’s una broma de su agüelo?
¡Venga pa’cá!... ¡No yore, pues muchacho!
¿Cómo le viá negar lo que me pide?
si usté es dueño y siñor en estos campos!
…¡No yore… que su Tata dende arriba
va’creer que agüelo y ñeto andan peliando!
¿Sabe que va’a pensar…? ¡que no servimos
pa’ manejar las riendas de su rancho!
…Haber… ¿qué es lo que quiere…? ¿la petisa?
¡’ta bien, la va’montar!... ¿Vé?... conviersando
se consiguen las cosas más lijiero
que con yoros y gritos… ¡Vaya al tranco!
¡Mire que el animal anda sentido
Y no está pa’ que lo anden galopiando!
¡Y no me vaya lejos!... ¡¡Oiga!... ¿No me oye?
¡¡No la haga galopiar!!... (¡Diablo el muchacho!
…¡se me jué nomás el sabandija!)

¡Y güeno… que va’hacer!... Mira Nicasio,
vos dende arriba lo verás a tu hijo,
y te darás cuenta que no me hace caso…
pero no te asustés, gracias al cielo
nada le va’a pasar… ¡te salió gaucho!...


Versos de Julio Gutiérrez Martín