domingo, 11 de noviembre de 2018

EL COBARDE


Un muchachón de manos engrilladas;
un comisario ‘bravo’ y un alcalde
que sabiéndolo al mozo bien seguro
le escupen su desprecio “pa’ que hable”.
-Lo mataste a traición, seguramente..
Y el mozo le contesta: -Sepa, alcalde,
que los hombres nacidos en mi tierra
muy pocos matan de traición a naides.
-Sin embargo -interrumpe el comisario-,
nunca matan de frente los cobarde.
-¿Y de cuándo esa fama, comisario?
-Te la ganaste bien aquella tarde
que’l final te insultó delante’e todos
y vos, como faldero, te achicastes.
-Aquello jué otra cosa, comisario;
me achiqué con razón, no por cobarde.
Aquella tarde me allegué hasta’l pueblo,
pa’ buscarle rimedios a mi madre,
que había quedao solita, allá en el rancho,
quemándose de fiebre sobre el catre.
Si me achiqué, señor, no jué de miedo.
¡Jué su voz que me gritó: “parate!”…
Es muy fiero, señor, pa’ quien ya siente
que la muerte comienza a aprosimarse ,
encontrar que no hay naides en el mundo
que le empreste un poquito de coraje;
sin tener quien le rece un Padrenuestro
ni tener quien le pida un “Dios te salve”.
Pero ayer me cobré. Mi mama ha muerto;
y ya sin su cariño que me ate
m’encaminé pa’l pueblo, bien seguro
de no encontrar tranquera que me pare.
Estaba en el boliche el “hombre guapo”
Hablando de bravura, de coraje…
“que a los hombres los reta como a chicos…”
“que no encuentra varón que se le cuadre…”
Por eso, al dentrar yo, ni m’hizo caso,
y con disprecio comenzaba a ráirse
cuando mi zurda le cruzó la cara
pa’ evitar el decirle: “¡acomodate!”
Sacó el facón y se me vino al humo.
La carrera conmigo l’era fácil…
y el hombre, entusiasmao, siguramente,
tiró un hachazo… se quedó pagando…
buscando sitio pa’ poder dentrarme
y sonzo juera yo de no cobrarme.
-¿Tenés más que agregar?
                                           -Sí, comisario:
¡que no güelva a tratarme de cobarde
sin soltarme una mano, por lo menos…
por si tiene el antojo de probarme!

Versos de Boris Elkin

lunes, 22 de octubre de 2018

LA REFALOSA


Las sombras danzan, ebrias, tras lo velones,
y se achican y agrandan como borrones,
sobre el pecho desnudo de algún mulato…

Trajinar de sedientas manos obscenas.
Cuelga pringue en la grasa de las melenas
y en las bocas un tufo de alcohol barato…

Un sargento -de rojo- se despatarra
sobre un banco de pino. Con la guitarra
ensaya -cachaciento- “La Refalosa”,

y una pardita joven, se alza la bata,
se arregla la pollera, rosa escarlata,
y se acerca al sargento, ceremoniosa…

Él, la mira con ojos de tigre en celo
y -entre un acorde y otro- se alisa el pelo,
y se estira el bigote de cerda recia…,

mientras ella, coqueta, revolotea
los ojos. Y en el ritmo que la menea,
acomoda las curvas, con risa necia…

Han gritado en la calle los pelotones,
que paran en la puerta, y a borbotones
entran, blandiendo lanzas, como corsarios…

-“Que viva nuestro insigne general Rosas…!
-Y que sigan tocándoles ‘refalosas’
‘en el cogote’, a todos lo unitarios…!”

Hay un coro de rojo. Y en infernales
carcajadas siniestras, todas iguales
se enredan en la danza de aquella moza…

-“Morenita bandida, la federala,
“con ancas” musculosas, como baguala,
para seguir bailando ‘La Refalosa’…!

Versos de Cátulo G. Castillo

viernes, 19 de octubre de 2018

MALAMBO


El zambo malambo
rebota en la bota.
Y el mozo, del bozo
naciente, rugiente
palpita y se agita
en duras posturas
de potro…
                   El otro
se apresta a la gesta,
y se ata -escarlata-
la vincha.
                Se cincha
primero, altanero
la rastra.
                 Se arrastra
despacio al espacio
que azota la bota,
y salta a la alta
batalla que estalla…

El zambo malambo
rebota y azota
de guerra la tierra…

Ceñidos… Curtidos…!
Cansados… Sudados…!

Bizarras guitarras
se obstinan y trinan,
batiendo y sufriendo
sus sones.
                 Mirones
hay muchos, y duchos…!

La danza ya alcanza.
Ya cunde, ya funde
los modos de todos,
que valen y salen
al frente caliente…

El zambo malambo,
crecido, encendido,
contagia su magia…

Y en una laguna
del cielo, pomelo,
la luna se apunta
rodando, mirando
la danza que avanza…

Y llega a la vega
la aurora que dora
temprana el trigal,
y el zambo malambo
se apaga en la vaga
postura final…

Versos de Cátulo G. Gastillo

jueves, 18 de octubre de 2018

PERICÓN


25 de Mayo, y a la voz de “’aura”…!
Y a la voz de “áura”…!
Los caballos se duermen
bajo las sombras de la encinas.
Ya los mozos le clavan
sus nazarenas a los hijares
de la tierra, que es yegua,
y al sol relincha…
Y al sol relincha…!

-“Bastonero, el más viejo…!”
La rueda grande gira en la vuelta
y a la voz de “áura”… y “áura…!”,
los espirales del molinete.
Botas. Rastras. Y el lujo
de las virolas y las guitarras.
Trenzas pampas, colgando
desde los moños blanquicelestes…

A la voz de “áura”… y “aura…!”
y el paseíto. Y las relaciones.
Socarrones los versos
saltan ladinos entre las risas.
Las polleras enredan
coplas de cardos y mirasoles,
y cada gaucho sabe
de los rubores de cada china…

Y a la voz de “áura”, y “áura…!”,
reclama el viejo. Con los pañuelos
el pabellón florece su calesita
color bandera.
Se hacen graves los gestos,
y hay una fiera luz que se enciende,
y sacude en los pechos
su corajeada de montonera…!

Versos de Cátulo G. Castillo

lunes, 24 de septiembre de 2018

DE LA HUELLA


Aquí les voy a soltar
los hilos del pensamiento
y contar con sentimiento
las cosas que vi pasar.
Al carrero he de cantar,
al carro y a la carreta
que cumplían una meta
que señalaba un destino
bajo este cielo argentino
que aún su recuerdo proyecta.

Veré, si puedo, al momento
cantarles con toda mi alma
ofrendarles una palma
como una semilla al viento,
para cantar lo que siento
con la voz del corazón
mientras ronda el cimarrón
tranqueando de mano en mano
y se divisa en el llano
la luz de un gaucho fogón.

En el sur santafesino
trajinado con cereal
cuantas vece’un temporal
lo sorprendió en el camino.
Pero fiel a su destino
iba el curtido carrero
recorriendo el derrotero
que la vida le marcó
y él orgulloso cruzó
confiando en sus cadeneros.

En los dos balancineros
también estaba seguro
y para cualquier apuro
ponía la fe en los tronqueros.
Tenía sus buenos laderos
bien robustos y frizones
que, según las ocasiones
si el pantano era fierazo
o salían del mal paso
o rompían los corriones.

Porque las primeras huellas
las que marcó el viejo carro
cuando cruzó por el barro
bajo el sol o las estrellas.
En las épocas aquellas
había que ser muy baqueano
porque hasta el último grano
que la tierra producía
hasta el galpón lo traía
el carrero veterano.

No se podía mover
si no era en un carruaje
y con caballo y coraje
la patria se empezó a hacer,
y había que ir y volver
en carro por los caminos
para cumplir los destinos
sagrados de ese momento:
se le debe un monumento
a los carros argentinos.

Donde se junta el camino
del pasado y del progreso
en un viaje sin regreso
cruzó el carrero argentino,
él cumplió con su destino
a la hora señalada
y a la luz de una alborada
y el primer rayo solar
la vida lo vio pasar
siempre rumbo a la jornada.

Por caminos desparejos
iba el carrero de ayer
del alba al anochecer
hace tiempo y allá lejos.
Al dejar estos reflejos
hechos canto en la emoción
la voz de la evocación
los ve por entre guadales
transportando los cereales
de la chacra a la estación.

Versos de Pedro Pablo Rodríquez

miércoles, 19 de septiembre de 2018

VIEJO PORRÓN


Viejo porrón de ginebra
que estás de polvo tapao,
hoy sin querer te he encontrao
y mi memoria celebra.
Como una escarcha se quiebra
el tiempo, y al recordar
a detenerme a pensar
lo que fue tu compañía
quise hacerte una poesía
pa’ poderte acariciar.

Mi abuelo, gaucho carrero
en la vieja chata de antes,
te tuvo sobre el pescante
pa’ calentar el garguero.
Un tío que fue resero
en una bota cortada
te llevó junto a la armada
bien prolijita del lazo
y fuiste como un abrazo
para el frío de la helada.

Después quedaste olvidao
como si no fueras nada,
porque tu gentil gauchada
quizá nadie la ha contao.
Y por eso emocionao
te saqué de la tapera
para que de nuevo fueras
aquel simple compañero
que anduvo sobre el carguero
como una pilcha campera.

Y como la vida es huella
sin querer fui camionero,
siguiendo el rumbo carrero
que algún ancestro me sella.
Mi abuelo de alguna estrella
quizá que brinde conmigo
por eso es que yo me obligo
a no dejarte… “porrón”,
porque sos por tradición,
del gaucho, muy buen amigo.

¿Qué sos importao? ¡Qué importa!,
si viniste para bien,
y bien sin mirar a quién
que al final es lo que importa.
Si tu barro te soporta
no te apartarás jamás,
con mis cosas estarás
como una inmortal esencia
y serás humilde herencia
pa’ los que vienen detrás.

Versos de Darío Lemos

LA FONDA


Vieja fonda de estación
sos un punto en el pasao
de tu ayer solo ha quedao
tu vencida construcción.
No hay mesas en tu salón
y tu cocina gigante
no da comida abundante
regadas con vino flor,
tus piezas tienen dolor
de aquel tiempo agonizante.

Ya no llega aquel viajante
tranqueando por el andén,
cuando corría aquel tren
desde lugares distantes.
Un vació en los estantes
muestra la fría despensa,
y siente como una ofensa
el pozo, que está tapao…
y el corredor arrumbao
es una joroba inmensa.

Ya las goteras comienzan
a pasar el cielorraso,
que’s su pelaje picazo
y la telaraña trenza.
Unas letras con vergüenza
borrosas, quieren gritar…
¡Aquí existió un lugar!
donde la gente venía…
y en rigor de lejanía,
esto fue un segundo hogar.

Si pudiera preguntar
a alguno de aquel entonces,
te diría que’n el bronce
“Fonda…” tu deberías estar.
Porque fue tu sino dar
abrigo, a tanto ambulante,
afecto a aquel trashumante
curtido de soledad…
En vos cargo voluntad
para seguir adelante.

Por eso que están constantes
los méritos conquistados,
esos servicios prestados
piden un ¡gracias! vibrante.
“Fonda” engrosas con tu antes
la nutrida galería…
que al calor de la poesía
en el recuerdo te enmarca,
para ponerte una marca
con gusto a melancolía.

Versos de Darío Lemos