viernes, 24 de enero de 2014

QUEBRAYÓN

“-¡Ta lindón lo que ha contao…!
(se burló el “Manco” Vidal)
¡Yo estuve en El Carrizal
esa güelta que ha mentao!
¡Jui un hombre d’Estanislao
y puedo hablar con certeza…!”
El gaucho alzó la cabeza,
bajó la vista el pulpero .
“-¡Lo que pa’usté’s de rastrero
más bien yo yamo viveza!”

Un silencio de tapera
a los presentes ganó
pa’ que aqueyo que vivió
Vidal se los refiriera:
“-¡Yo estuve en la montonera!
¡Junto a López la pelié!
¡Por eso les contaré
sin escatimar detaye
cuando Juan Galo Lavaye
quiso tomar Santa Fe!”

“-Al general unitario
Güenos Aires lo mandaba
pa’ ver si el lugar limpiaba
de algún federal contrario.
Por la Viya del Rosario
pasó con toda arrogancia,
con soldaos en abundancia
rechazó fácil y altivo
alguno que otro furtivo
ataque  sin relevancia.”

“-Sin juerzas pa’ redotarlo
López ve mal la cuestión
pero ducho y quebrayón
se prepara pa’ engañarlo;
simula juir, p’arrastrarlo
a Lavaye hasta su ruina
que sin saber se’ncamina
cebao por el gran caudiyo
al yano de romeriyo
del Carrizal de Medina.”

“-Al Carcaraña cruzar
como ya poco se vía
va que Lavaye elegía
justo ese plan pa’campar;
bicho que ayí ha de pastar
de seguro que revienta,
y su cabayada hambrienta
encuentra demás sabroso
a’quel yuyo venenoso
que al rato lo hará osamenta.”

“-Rindiendo por áhi honor
a esa frase memorable
que hace ya un tiempo apreciable
pronunció el “Libertador”,
López siendo vencedor
no desenvainó su espada,
pero vio esa madrugada
cargando a los Coraceros
sobre’l hombro los aperos
marchando en la retirada.”

Versos de Néstor Enzo Mori

viernes, 3 de enero de 2014

CARTA A CLAUDIO AGRELO

Cuando volvió Claudio Agrelo
el silencio fue canción...
Y hasta un llanto de emoción
... me mojo todo el pañuelo.
Puse la vista en el cielo
agradeciendo a Jesús,
me ofrecí a llevar la cruz
de la solidaridad...
y entre tanta oscuridad
surgió una muestra de luz.

El día que te accidentaste
tembló la tierra paisana
y dejaste en tu ventana
soles que nunca miraste.
Luchaste...tanto luchaste
que encontraste mejoría.
y volviste a ver un día
a tu familia en la mesa...
¡Cómo a veces la tristeza
se transforma en alegría!

Yo que he rezado por vos
a nadie le confío eso
porque a veces vivo preso
de la desconfianza en Dios.
Pero como un criollo sos
hermano de mi camino,
volví a ser un peregrino
del Dios todopoderoso
y ahora me siento orgulloso
porque salvó un argentino.

Con la conciencia tranquila
¿quién no te dio una caricia...?
dando mas fuerza a Patricia
y más ánimo a Camila.
Hay una tropilla en fila
para que le des amor,
un perro recorredor,
un vino listo en la parra...
y una boca de guitarra
que dice: “¡Vení Cantor!”
Versos de Emanuel Gabotto

EL MAYORAL DE GALERAS

Ayer caporal de tropa
de carretas mendocinas,
y hoy mayoral de galera,
ya es prosperar en la vida.

Nada falto de experiencia,
y de aptitudes sobrado,
conoce toda la pampa
mejor que a sus propias manos.

Todo el que viaja con él
quisiera hacérsele amigo,
pero él los trata de lejos
como a simples conocidos.

“Buenos días”, “buenas tardes”,
y ya basta de palabras;
que gente conversadora
pronto se toma confianza.

Sabe la vida y milagros
de todos los pasajeros;
del pescante a la berlina
no se le pierde un secreto.

Deja que los otros hablen
haciéndose el que no escucha;
no tiene un secreto propio
y para el ajeno es tumba.

Si habla poco, aún habla menos
con gringo recién llegado;
pero, de cortés, le nombra
los pueblos que van pasando.

Luján, Zárate, Arrecifes…
para que sepa donde anda.
Si más le pregunta el gringo
se encoge de hombros y calla.

Que ante un gringo preguntón,
se hace el que todo lo ignora.
Gringo que no habla cristiano
no es para confiarle cosa.

Espesas nubes de polvo
envuelven a la galera.
Los gritos del postillón
estimulan a las bestias.

Al tocar la última posta,
antes de llegar a Zárate,
toma un alivio el cansancio
trajinado del paisaje.

Remúdase allí la tropa:
dos caballos de la lanza,
dos laderos de las cinchas
y los ocho de las cuartas.

Tiro a tiro el mayoral
revisa la guarnición,
mientras hace su comida
de queso y vino carlón.

No demora; que la noche
llega temprano en invierno,
y quiere llegar a Zárate
antes que el sol se haya puesto.

Se ajusta los pantalones
como quien sabe llevarlos,
previene faca y trabuco,
sube al pescante de un salto.

Verifica en sus bolsillos:
papel, tabaco y yesquero,
y segura en su cabeza
el pañuelo y el sombrero.

En el asiento coloca
las boleadoras y el lazo,
que ahora entrarán a cortar
llanuras de cardos altos.

Las sorpresas del camino
no deben ser descuidadas…
Ser mayoral de galera
no es ocupación de maulas.

Las ruedas van arrollando
las distancias del camino,
que se enroscan en los ejes
con angustioso gemido.

De pronto, sobre el sombrero
del mayoral, bate y zumba
un aletazo huidizo…
¡Cruz diablo! Fué una lechuza.

Va en la galera un enfermo
de color ya casi gris…
Una niña lo acompaña.
¡No se le vaya a morir!

La niña lo va atendiendo…
Él va como adormilado.
Apenas abre los ojos
cuando es grande el barquinazo.

Ya se entra el sol… La galera
cruza inmensos trebolares.
¡No se muera el pasajero
antes de dejarlo en Zárate!...

Como chasquidos de lengua
reseca, estallan los látigos,
que se mojan en olor
de tréboles machucados.

Mayoral y postillón
azuzan los mancarrones.
En angustiosa carrera
van la galera y la noche.


Versos de Luis Cané

jueves, 2 de enero de 2014

TRENZANDO SUEÑOS

Lo veo en un banco bajo
meta paciencia y cuchillo,
con el modo más sencillo
de mezclar arte y trabajo.
Certero el corte y el tajo
con perseverancia inmensa,
en cada lonja comienza
su fama entre los paisanos,
cuando florece en sus manos
el milagro de una trenza.

Desde aquella edad del cuero
que se vivió en estas tierras,
fue valiosa aún en las guerras
la presencia del soguero.
Y en medio del entrevero
de una bravía patriada,
algún cañón de pasada
sabían arrastrar los criollos,
mientras se abrían los rollos
y se cerraba la armada.

Y después de las peleas
en los viriles oficios
con los duros sacrificios
de las rurales tareas.
Riendas, bozales, maneas,
trenzaron sus dedos brujos,
con caprichosos dibujos
los pretales se vistieron,
y los criollos se lucieron
con esos camperos lujos.

Que lindo si los paisanos
que en el campo están creciendo,
continuaran aprendiendo
de los criollos veteranos.
Ese oficio de artesanos
que desde nuestros abuelos,
supieron trenzar anhelos
con los tientos de la historia,
para enlazar a la gloria
y traerla a nuestros suelos.

Versos de José Silvio Curbelo
                      -uruguayo-

lunes, 30 de diciembre de 2013

ÑANDUBAY

Representa crecer con sacrificio:
despacio, muy despacio;
como si el cielo le pesara encima
y tuviese que dirlo rempujando.

Por eso es que las ramas se le tuercen
y no se van muy alto.
Del hacer tanta juerza, desde chico,
se cría duro, seco y desformado.

Mirándolo de golpe es medio feo
naides lo ha de estimar por la presencia,
parece que su cuerpo es todo ráices
y que al revés se acomodó en la tierra.

Pero, que linda fibra! Puro nervio!
Poder y resistencia!
Ha de ser mucho el árbol
cuando las uñas al jaguar le mella!

No precisa cuidáos. Por ser sufrido
lo que padezca no le importa a naides,
y ansí lo miran como a cosa bruta
que ni el provecho que le sacan, vale!

Lo alambraos lo llevan
en guerrillas de postes
que aguantan años, en las líneas, firmes,
peleando al tiempo en interés del hombre!

Le tengo simpatía,
porque es todito corazón. ¡Por eso!
Porque es hecho a rigor y es sano, de alma!
Y hasta viviendo mal tratao, es güeno!

L’hacha, el fuego, el progreso,
lo van exterminando…
La última seña que dará de vida
será, un humito que se va de un rancho…

Quizás que al mesmo tiempo
piense, junto al fogón, algún paisano:
“La última astilla’e Ñandubay”,
y sea también l’último gaucho!...

Versos de Romildo Risso
                   -uruguayo-

viernes, 13 de diciembre de 2013

PATIO CRIOLLO

Bajo la alegre mañana
que desparrama su gozo,
ensaya versos al pozo
la cantadora roldana.
Un cielo de porcelana
prende en el día su rosa;
y junto al brocal la moza,
al mirarse en el reflejo,
piensa en el único espejo
que le dice que es hermosa…

Perfumando, los cedrones
están del patio a lo largo,
donde a veces, sin embargo,
suelen brillar los facones…
Sus más alegres canciones
allí los zorzales dan;
con incomparable afán
la abuela al niño adormece,
y en el hornito se cuece
el bien amasado pan.

En el alambre tendido
el viento bate los trapos
entre el cantar de los sapos
junto al cerco florecido.
El chingolo entristecido
da en el sauce su canción;
y hacia un lado del fogón,
están, por buena ventura,
sancochando rica achura
las ollas del chicharrón…

En un continuo cantar,
bravo, el gallito se encela,
y la puntiaguda espuela
acusa ansias de pelear.
El buen grano triturar
se oye, afanoso, al mortero.
Y, el moño en el clavijero,
en criolla actitud bizarra,
colgando está la guitarra
de una caña del alero.

En la tranquera, ensillado,
y goteando espuma roja,
tascando está la coscoja
un obscuro bien plantado.
Flexible lazo trenzado
cae del pingo sobre el anca,
y avasallando la tranca
desátase a relinchar,
la tropilla al divisar
sobre la verde barranca.

El bravo perro guardián
desde unas matas enseña
a la gente lugareña
sus dos ojos de Satán…
“¡Por aquí no pasarán!”,
grita con obstinación,
que por cuidar al patrón
nunca cesa en su ladrido,
y en las moscas, al descuido,
afila su tarascón.

Bajo el sol que quema fiero,
en el vecino corral,
con hondo amor maternal
lame la baca al ternero.
Revolando el terutero
cruza del patio a la orilla;
la mariposa amarilla
préndese a la abierta flor,
y el viento trae el olor
del trébol y la gramilla.

Canta en el ombú frondoso
que amoroso el rancho ampara,
la cigarra de voz clara
el año lindo y dichoso.
Hunde el sauce, pesaroso,
sus ramas en el canal,
y como un canto triunfal
modulado en un alarde,
suena al morir de la tarde
la guitarra nacional.

 Versos de Julio Díaz Usdandivaras

viernes, 6 de diciembre de 2013

LA NAZARENA

Lauro era rubio y ágil como el puma.
Se lo dieron a mama. Lo crió ella.
Los dos usamos una sola cuna.
Los dos juimos en ancas a la escuela,
nos arrastró a los dos una divisa,
nos balaba a los dos una querencia…
y el día que el amor nos puso alas
nos chamuscamos en la misma estrella!

Eramos carne y cuero, Cruz y Fierro:
un poncho, un mate amargo, una estribera…
Amigos! esas dos manos que junta
pa’ rezar un bendito, la cumbrera;
el ñudo potriador de dos varones
que cuanto mas lo estiran, más se aprieta!

Pero el diablo no quiere cosas puras
y nos enamoramos de una prienda
que tenía los ojos pestañudos
y dentradores como dos espuelas.
Lauro la llamó Rosa
y yo, la Nazarena.

Me la quiso dejar, salió una noche…
Se la quise dejar, gané la ausencia…
Y no se pudo; peludió la yunta
en el tembladeral de su tranquera!
Nacidos pa’ querer a dos orgullos,
dentramos a sufrir con dos bicheras
y ansí se nos enanca un odio viejo,
un odio de venao y de crucera.

No lo pude peliar; mama vivía,
y éramos uno pa’ esa criolla vieja…
Sonréibamos los dos, mascando fuego,
Ataos, codo con codo, a la prudencia.
Por el “Puma” y por mi, gruñe el amargo…

Un día se nos arde la pacencia:
hay un “venite!”, un revoliar de ponchos,
un rechinar de filos, una trenza…!
Se nos cruza mi madre y con su llanto,
nos apagó la brasa de las crestas.

Después salimos con divisa y lanza;
porque pa’ suerte, reventó la guerra.
Vamos a jugar a cara o cruz la vida,
en la primer pelea:
uno se ha de quedar con los caranchos
y otro con Nazarena.

En las noches azules de sereno,
Lauro no duerme por pensar en ella
y yo, sobre el recao lleno de abrojos,
voy pitando hasta el pucho, la pacencia …
Un: “Carguen!” nos sacó del purgatorio
a púa y a clarín, lanza y sotera.
Yo deseo su muerte y él mi muerte.
Y zambullimos en la polvareda…
Volvimos unos pocos esa noche;
pero el “Puma” está allí, no duerme, piensa,
mientras yo en el recao no enriedo el sueño
por más que sigo dando güelta y güelta.

Y una tarde, nos sacan en redota,
con los pingos charquiaos por las paletas.
Vienen cerquita, errándonos trabuco.
Apuran, nos alcanzan, revolean…
y los tres puños de las boleadoras
zumban en el carpido de las güeyas.

En eso rueda un flete: es el del “Puma”.
Cae parao. Pa’ morir. Ni me doy güelta!
Por fin, se va a quedar con los caranchos
y yo, con Nazarena…!
No se pudo! Algo toro, algo que sale
del pecho de mi madre o de mi tierra,
me hace sentar el flete en los garrones
y hundirlo en la tormenta!
Golví  pa’ cáir con él, en Cruz y Fierro,
pa’ salir enancaos en una décima,
pa’ mirar en los ojos a la gaucha
que rezó por los dos en mi tapera!
Y lo saqué nomás!

Callaos y tristes
nos vamos acercando a la tranquera
de la mujer que Lauro llamó Rosa
y yo, la Nazarena.
Allí el “Puma” me dijo de a caballo,
cuasi al cerrar el alma y las espuelas:
“-Yo sigo con la vida que me diste;
vos casate con ella.

Versos de Yamandú Rodríguez
                         (uruguayo)