lunes, 27 de junio de 2016

EL BAUTISMO

Le dibujó cicatrices
con sus rodajas de guapo
en cadena de mudanzas
que eran más bien, un milagro.
Pachamama agradecida
le rigalaba a puñados
curioso festeón de polvo
pa’l chiripá del paisano.
Y él siguió, macho de origen,
igual que potro orejano
anudando valentías
a filo de punta y taco.
Hasta que un día, el criollaje,
luego de sentirlo hermano,
se le ocurrió que era hora
y decidió cristianarlo.
Pa’l bautismo, la madrina
le puso un collar de pájaros
y a sus espaldas de pampa
la luna le dio un tul blanco.
La madre, una vieja caja
con el parche remendado
charlaba con Don ombú
que era el padrino pa’l caso.

Y dejó de ser sin nombre;
rezó el alero del rancho,
y a los cuatro rumbos criollos
nació a la vida… el Malambo.


Versos de Tito Martella

viernes, 10 de junio de 2016

TALA VIEJO

Quién sabe qué edad tendrías
cuando te vieron mis viejos.
Le injertaron a tu sombra,
un rancho de dos aleros.
Cierro los ojos y estás
en esas noches de invierno,
agachado sobre el rancho
cobijándolo del viento.
En tus ramas hizo nido
la alegría de mis juegos
cuando descalzo en verano,
gasta mis años nuevos.
Y cuando el campo, mis pies
quemaba con solo de enero,
me esperabas con tu sombra
deshilachada en el suelo.
Tala viejo de mi rancho,
no voy a dejar ni muerto.
que cualquier fogón de pobre
quiera ser tu cementerio.
Porque en cada gajo tuyo,
corre sangre de mis sueños
y el que quiera hincarte el hacha,
me está arañando por dentro.
Porque te regué con llanto,
después que a mis pobre viejos,
los dejé en el campo santo,
cuando los llamó el supremo.
Porque en vos muere la ausencia,
de los que quise y se fueron
cuando sacuden tus ramas
tus recuerdos polvorientos.

Tala viejo de mi rancho,
no voy a dejar ni muerto
que cualquier fogón de pobre
quiera ser tu cementerio.


Versos de Artigas Buela Gaona

domingo, 29 de mayo de 2016

LA GENTE CON SU ESPERANZA

El canto no es solamente
fervor que se determina.
Es también sed que se inclina
por beber en la corriente.
Es pétalo combatiente
y es peñascal de oración;
ascua de sangre, pasión
que hundiéndose en cada cosa
desentierra una dichosa
noticia de corazón.

Cuando el verano arrodilla
la audacia de los maizales
y agobia de pedernales
el orden de la gramilla;
cuando una boca amarilla
se traga la sementera,
lo que hace al campo una hoguera
y a la tierra resquebraja
no es el agua que no baja
sino la gente que espera.

Si la troje manifiesta
su preñez, si el huerto ofrece
la euforia que lo abastece
de sombra y frutos en fiesta;
si en una parva recuesta
la alfalfa su resplandor
puedo agrupar el calor
de una sonrisa cansada
y palpar con la mirada
la cicatriz del sudor.

El vendaval que se lleva
los árboles a la muerte,
la mano helada que vierte
su sal en la siembra nueva,
la espiga que se subleva
y el surco que se demora
se pierden en la agresora
vehemencia de los abrojos
para encontrarse en los ojos
de la esperanza que llora.

Paren las vacas, relata
la tierra su alumbramiento;
y aunque un hachazo sediento
crezca en su negra fogata
hay un sonido escarlata
y hay un olor a vivir…
que si el nacer y el morir
son tiempos en el camino,
las ansias del campesino
piensan tiempos de reír.

El canto puede ilustrar
con sus alondras de fuego
los ámbitos del sosiego
y el sobresalto del mar.
Puede reunir y hospedar
el trueno con la azucena;
pero si en él no resuena
la gente con su esperanza,
sus rosas en alabanza
tendrán estambres de arena.

Versos de Guillermo Etchebehere

miércoles, 11 de mayo de 2016

CUANTO MÁS PUEDO DURAR

El viejo Rosendo Luna
viendo su etapa cumplida
decidió vivir la vida
disfrutando su fortuna.
No hallaron forma ninguna
de hacerlo reflexionar
cansado de trabajar
el día que cumplió setenta
dijo: “Pongo todo en venta…
¿cuánto más puedo durar?”

Y allí lanzó un desafía
diciendo: “Solo me basto
y a la plata me la gasto
porque lo que es mío es mío”.
Sin oír el vocerío
de sus hijos que a la par
no se podían resignar
que la herencia les gastara
y él les gritaba en la cara:
“¿Cuánto más puedo durar?”.

De bombachas y alpargatas
a la Capital viajó
y allá un piso se compró
con vista al Río de la Plata.
como había llegao a pata
se fue a una agencia a buscar
un auto para pasear
con vidrios polarizados
diciéndole a los empleados:
“¿Cuánto más puedo durar?”.

Eso sí, llevó el recao
de sus tiempos de jinete
y arriba de un caballete
lo tenía acomodao.
A veces, entusiasmao,
en él se solía montar
y a la gente del lugar,
que de abajo lo veía
desde el balcón le decía:
“¿Cuánto más puedo durar?”.

Los años lo fue pasando
en lujos y festicholas…
tiró tanto de las piolas
que seco se fue quedando.
Casi a los noventa, cuando
no había más para gastar
contento llegó a pensar
que la pobreza no mata…
viejo, sin campo y sin plata
“¿cuánto más podía durar?”

Y en un ranchito vivió
hasta el final de su vida
pues la familia, ofendida,
sin herencia, lo ignoró.
Su ejemplo a mi me sirvió
y a usté lo vengo a invitar:
anímese a desafiar
el temporal aunque moje
y haga lo que se le antoje
¿cuánto más puede durar?.


Versos de Marta S. Suint

domingo, 14 de febrero de 2016

COPLAS PARA LOS HIJOS DE FIERRO

            (fragmento)

Hay yuyos que hacen al cuerpo
si son bien administrados,
mejor que las porquerías
que prepara el boticario.

“Yerba buena” es superior
para sacar cualquier pasmo
y es para la indigestión
de confianza el “quiebraarado”.

Si el riñón no cabrestea
dele “cola de caballo”
y a la lombriz dele fin
con “semilla de zapallo”.

El “pisingallo” es mentado
para curar sarpullidos;
“mastuerzo” para los golpes
y “carqueja” para el hígado.

Para intestino y garganta
“llantén” y “malva” y “malvisco”;
para los granos, “mercurio”
y para el asma “chamico”.

Cuando uno llega a sentir
desarreglos del estómago,
tómese un té de “arazá”
o de la “yerba del toro”.

“Chañar”, “cambará”, “uruzú”,
sanan la tos más porfiada;
de golpes internos busque
sus alivio en la “calaguala”.

Para combatir la fiebre
no hay como la “vira-vira”,
ni que la “menta del campo”
para curar las heridas.

“Yerba mota” para darle
un alivio al corazón;
también resultan buenazos
el “toronjil” y el “cedrón”.

Dicen que un baño con “salvia”
da suerte para el amor;
“ruda” y “yerba de la iguana”
para engualichar mejor.

“Yerba de la golondrina”
y “yerba de la perdiz”
suelen usar las mujeres
y también el “perejil”.

Una mujer en apuros
de salir halla manera,
“santa lucía” y “culantrillo”,
“guaycurú” y “escorcionera”.

“Menta” y “poleo” tienen fama
para el dolor de barriga;
para males de mujeres
lo mejor es “doradilla”.

“Abrojo chico”, “verbena”,
“taz  liso”, “mburucuyá”,
“gramilla” y “lengua de vaca”
para mala enfermedad.

“Yerba del ciervo” le da
a la sangre una mejora,
igual la “zarzaparrilla”,
la “quina” y la “zarza mora”.

Para atacar los empachos
y ayudar bien a la cura,
la “yerba del pollo” es buena,
y el “paico” y la “escobadura”.

Agua de “pelo de choclo”
es cosa fresca y purgante.
Tiene el dolor de cabeza
en el “palán” su calmante.

Hay un dolor entre todos
que es más fiero que su abuela:
con “yerba del sapo”, amigo,
se cura el dolor de muelas.

También se puede curar
de palabra el abichado;
un linar con la lagarta
de igual modo se ha curado.

Hay dolencias que no sanan
ni con el “sánalotodo”:
ésas también tienen cura
pero hay que buscar el modo.

No van a curar los daños
que están en el caracú,
paños tibios, cataplasmas,
ni rezos ni “hojas de ombú”.

Los dolores que sufrimos
no se curan de palabra
ni los doctores los curan
con sus medicinas caras.

Al pobre pueblo lo explotan;
no hay quien sus males remedie…
Lo tratan y lo destratan
y se equivocan adrede…


Versos de Marcelino Román

LA CURANDERA

Vive sola en un rancho que es casi una tapera,
la circunda el renombre. Vio tres revoluciones.
sus hijos, que son muchos, “andan por ái, de piones”.
La gente la saluda, lo mismo que a la aruera

con temor y respeto. Entiende de oraciones.
Ya no cabe en el pago su fama de yuyera,
cura del grano malo, del aire y la bichera.
Sabe contra gualichos y contra maldiciones.

Llegan hasta su rancho chinitas con ojeras
y gauchos cavilosos “con una cosa rara”,
y a todos los atiende, discreta y servicial.

¡Si sabrá historias ella de las mozas puebleras!
sin ir más lejos una, con paños en la cara,
“vino anoche a pedirle un favor especial…”


Versos de Eliseo Porta

lunes, 8 de febrero de 2016

EL LECHERO

I
Por capricho
soy soltero,
que el lechero
gozar debe libertad;
y no tengo
más vestido
que un bonete
carcomido
y un ya raído chiripá.
Pero el mundo
todo es mío:
yo en un río
sé nadar,
yo en el campo soy un viento
y en el pueblo me presento
sin deseos
más constantes
que tener buenos marchantes
que me vengan a comprar.

II
Cuando apenas
canta el gallo,
m caballo
me levanto yo a ensillar;
ningún otro
va conmigo
ni conozco más amigo
que me sepa acompañar.
Y al oírme
de mañana,
la ventana
va a entornar
la que se había dormido
sobre su lecho mullido,
y con hambre
se despierta
y me busca,
mal cubierta,
para tener que almorzar.

III
Si una bella,
por ventura,
con dulzura
en la calle me miró,
de la leche
ya me olvido
y enamorado perdido
de amor solo entiendo yo.
Mas si alguna
desdeñosa
mostrarme osa
desamor,
le digo claro que es fea,
y me c rea o no me crea,
ya me marcho
dando gritos:
Buena leche,
marchantitos,
buena leche vendo yo.

IV
En invierno
y en verano
siempre gano
para jugar y comer,
y si acaso
pierdo un día,
espero en Dios y en María
que otro día me irá bien;
pues no todo
sale bueno:
se oye el trueno
alguna vez,
y si hoy mi caballo rueda,
llegará día en que pueda
del alcalde
y el teniente
hacer burla
frente a frente,
cuando esté firme de pies.

V
Así paso
la semana,
y en mañana
no se me ocurre pensar.
Si es domingo
voy a misa,
y no me mudo camisa
si no la puedo encontrar.
Soy en guerra
montonero,
soy lechero
cuando hay paz.
Solo necesito y quiero
tener pronto un parejero
en que pueda,
bien seguro,
si se ofrece
algún apuro,
no correr, sino volar.

Versos de Florencio Balcarce

                    (1818 / 1839)