El cielo estaba estaqueado
con
cuatro horizontes pampas.
Con
tres, jugaba la sombra
Y
en otro jugaba el alba…
En
el alero un candil
y
en la guitarra, una zamba.
Ella
le burlaba al viento
sus
trenzas negras y largas.
Él,
con la boca encendida
y
en cada mano una brasa…
Zumba,
zumba la bordona.
Zumba
que zumba, la zamba…!
El
calzoncillo cribado,
la
mano izquierda en la rastra,
y
–ay, que no puedo olvidarte…!
Y
–ay, que se vuelan las faldas…!
Sobre
un pedazo de noche
se
va durmiendo la zamba.
Por
los pañuelos despiertos
-qué
intenciones se escapaban…!
Ella
se dio. Pan moreno.
Y
él, partió por la mañana.
Junto
al brocal del aljibe
quedó
una prenda tirada.
Y
–ay, que no puedo olvidarte…!
Y
–ay, que me gusta la zamba…!
Versos
de Cátulo
G. Castillo