martes, 5 de junio de 2018

TEMPORAL


Ponchazos de sudestada
van arreando al aguacero,
como lonjeándole el cuero
a la hacienda amontonada.
El pajal en marejada
se dobla a su arremetida,
y alguna oveja perdida
de la majada distante,
como una queja implorante
bala en triste despedida.
  
Más desolada y sombría
la noche, lúgubre avanza,
mientras como una esperanza
se apaga la luz del día.
Todo en doliente agonía
sigue del viento el calvario,
y a veces, como un rosario
de negras cuentas, volando
pasan los cuervos gritando
sobre el campo solitario.

El gateado en el corral
baja el pescuezo tristón,
y buscando protección
pone el anca al temporal.
Yo adentro del rancho igual
doy la espalda a mi desvelo,
y acariciando un consuelo
junto al fogón me he quedado,
lo mismo que está el gateado
como rezándole al suelo.

 A los fuertes sacudones
del viento, el sauce llorón,
se dobla igual que un varón
a fuerza de decepciones.
Sobre los viejos horcones
gime a veces la cumbrera,
y alguna que otra gotera
se va filtrando del techo,
como penas en un pecho
sin esperanza siquiera!

Versos de Pedro Boloqui

lunes, 14 de mayo de 2018

LOAS A MI SALADILLO


LOAS A MI SALADILLO

Saladillo, rural, agropecuario,
donde labré su tierra en otro tiempo,
donde el germen vital de la semilla
desde el surco vital me dio el sustento,
y me vi congraciado con el fruto
que generoso colmaba nuestro esfuerzo,
mostrando con su estiva el contenido
como un tributo acordado a mi derecho
por haber germinado en sus entrañas
y como madre devolvió el sustento.

Fuiste mi cuna inicial de ruralía
con esos pingos que tanto los recuerdo,
porque fueron heroicos camaradas
en eso de pedirle fruto al suelo;
sin mediar una queja en sus trajines
se afirmaban tronquero y cadenero,
con los bríos del fuerte que se esmera
en esa bastedad de pampa y cielo,
donde todo el valor está en la sangre
de esos baluartes que ponían el pecho.

Evoco a esa tropilla de labranza
que fue la envidia de tantos chacareros,
los que nunca tuvieron mataduras
ni fueron sometido a sufrimiento,
es por eso que llevo en mi memoria
la estampa de esos pingos como acero,
esos que siendo rudos percherones
con su prestancia trotaban altaneros,
como una maravilla universal
retumbaban sus cascos sobre el suelo.

Me invade un regocijo sin medida
y el corazón me late hecho un estruendo,
porque fluye en mi sangre con más fuerza
cuando la empuja el don del sentimiento,
y va colmando aristas de ternura
con esa placidez de un sueño eterno
que te hace revivir a cada instante
todo el amor de su gente y de su suelo,
con ese encanto que la dicha envuelve
a los pujantes hijos de este Pueblo.

Versos de Rubén J. Garaventta 

jueves, 10 de mayo de 2018

EL RESERO


Hieren la soledad y la pedrada
de los vientos rompiéndose en sus ojos.
Y la huella y el cardo y los abrojos
y tanta oscuridad iluminada.

Duelen las lluvias y la madrugada,
las piernas firmes, los estribos flojos,
y la muerte mordiendo los coscojos
de su vida marrón y desgastada.

Pero siempre adelante y adelante,
punta de la paciencia, desafiante
de la fatalidad y la negrura.

Los caminos lo punzan y él los sienten
en el tranco, en la boca, en la herradura
y en el lucero que pialó en su frente.

Versos de Gustavo García Saraví

EL MONTONERO


En el montón, el monte y la montura
anduve en libertad y prisionero.
No tuve lo que quise y lo que quiero
lo perdí en boleadora o mordedura.

Mi suerte fue la guerra y la aventura,
y mi desgracia no morir primero.
Es muy poco ser solo montonero,
un soldado de tantos, una oscura

cicatriz en el pecho, una ignorancia,
únicamente una pasión, un ansia
de seguir la bandera y el caudillo.

Nadie sabe mi nombre ni mi apodo.
Y qué puede importar, después de todo,
si tengo aún mi sangre y mi cuchillo.

Versos de Gustavo García Saraví

RANCHO VIEJO


Semioculto en el cardal
que ha florecido en la loma,
apenas su techo asoma
desafiando al vendaval,
la ramazón del sauzal
lo acaricia dulcemente
y es una trova doliente
la que modula el pampero
cuando azotando el alero
lo hace gemir hondamente.

Cuántas veces a la vera
del fogón, bajo la luna
romántica como una
novia ebria de quimera;
vibró sensual y hechicera
la pasional vidalita
mensajera de la cuita
del gaucho a su bien amada
que oyó toda embelesada
la melodía infinita.

Y aunque yace abandonado,
triste cual un camposanto,
conserva siempre el encanto
de su glorioso pasado;
los recuerdos que han quedado
surgen de allí triunfadores
y los pájaros cantores
que anidan en la floresta,
suelen ponerlo de fiesta,
como en sus tiempos mejores.

De las paredes grietadas
entre los terrones secos,
parecen latir los ecos
de las últimas payadas;
“en las tardes incendiadas”
al reflejo postrimero
bajo del sauce el boyero
e igual que los payadores,
entona trovas de amores
sobre el palo del alero.

Viejo rancho agonizante
que a la orilla del camino,
te ha reservado el destino
cual criollo tema insinuante;
no está la hora distante
en que las rejas hurañas,
desgarrando tus entrañas
abran hondo y ancho cauce
y no quede más que el sauce
testigo de tus hazañas…

Versos de Enrique P. Maroni

lunes, 30 de abril de 2018

A LA DÉCIMA Y SU AUTOR

De Ronda partiste un día
quién sabe con qué licencia!
sin rumbo, sin experiencia
a horadar la lejanía;
la suerte, rara vigía,
hizo preso a tu destino
que se convirtió en un trino
de amor, dicha o sufrimientos
que alzaron los cuatro vientos
y sin fijarte un camino…

Tosca y bella flor de cardo
que al reventar su capullo
casi con velado orgullo
cada “pancito” fue un dardo;
académica en un bardo;
en un simple una osadía!
una chispa de alegría
para el pecho en cual brotaste!
¡En cada región sacaste
carta de ciudadanía!

Rima de fe y de quebrantos
con variadas emociones;
muy jovial en ocasiones,
¡sos para risas y llantos!
guarda el mundo de tus cantos
adormecer de amapola!...
sos viento, a veces, que asola
las aguas de un lago en calma
y aunque la guitarra es tu alma
sabes defenderte sola.

Te hiciste grito de aliento
en el guerrero bravío
cuando estuvo el desafío
de su patrio sentimiento;
para la Paz, el contento
te volvió tierna caricia;
solo espero a tu pericia
con su poder tremebundo!
para que impere en el mundo
la real y justa justicia.

Sin límites relatora,
con vivas y ténues lumbres,
de trabajos o costumbres
o el bien que un ser atesora;
de una acción conmovedora
o un proceder ejemplar;
y es un gusto el comprobar
por ser gentil compañera
que cada Pago te diera
su sabor particular.

No tuviste ambigüedades
y en la universal memoria
sos presente y sos historia
para todas las edades;
y en la suma de verdades,
sin presumir de altanera,
sos la celeste viajera
en tu andar de sur a norte…
e ignoraste el pasaporte
al cruzar cualquier frontera.

Niña mimada y querida
sin mermas y sin prejuicios
que entregaste tus oficios
como un cántaro de vida!
si a veces adormecida
invernas dentro del poeta
sabés pecar de indiscreta,
porque en cualquier situación
le tocás el corazón
pícaramente y coqueta.

Y en las pampas argentinas
al convertirte en gauchesca
juiste una incendiaria yesca
en güelos de golondrinas!
juguetona en las cocinas
pa’ un mentís o una verdá!
al vagar con libertá
dende el rincón más cercano
al más áspero y lejano
en tuita la inmensidá.

Y sueña dejar mi “canto”
con un sentir terruñero
mi homenaje más sincero
pa’ quien lo merece tanto!
nombrando a Ronda me planto!
no da pa’ más mi “pincel”,
pero si queda un laurel
de mi inspiración a flote:
por echar el primer brote,
¡Gracias, Vicente Espinel!
                      (04/07/1992)
Versos de Roberto Coppari (1924 / 2007)

sábado, 28 de abril de 2018

PROTESTA GAUCHA


Con la frente descubierta,
la melena negra y lacia,
traigo la gloria y la gracia
de un crioyo que se despierta,
vengo a golpearle la puerta
al congreso americano
que dende tiempo lejano
tiene una deuda sagrada,
y he venido con la espada
de la justicia en la mano.

Vengo a reclamar lo mío
que por güeno me han quitao,
quedando tan despilchado
que casi he muerto de frío.
Vengo con odio y con brío
hastiao del tiempo sufrido,
razonable y convencido
que aunque es pueblera la cancha
he de ganar la revancha,
si n o es tramposo el partido.

Yo les quiero preguntar
a esos grandes mandatarios,
que charlan como rosarios
cuando quieren conquistar.
Qué es lo que hacen con cambiar
de costumbre en la nación,
con esa preparación
que ante el progreso se abraza
ultimarán a mi raza,
matando la tradición.

Y a causa de esas razones,
del progreso americano,
les van sacando al paisano
los últimos patacones.
Los llenan de obligaciones,
siempre hay algo que pagar;
por guías; por señalar;
por campos, marcas y sellos;
y hasta pagarles a ellos
pa’ que apriendan a charlar.

Nos quitaron las haciendas
a medias con el pulpero,
después, la lana, los cueros,
caballos, matras y priendas
y en medio de sus enmiendas,
creyendo de mejorar,
no se fijan que al pasar
sobre la pampa querida,
llora una raza vencida
¡sin Patria, pilchas ni hogar!

Versos de Luis Acosta García